HISTORIAS A LA LUZ DE LA VELA
Al momento de escribir este pequeño artículo, no se me viene a la mente ningún título para esto que escribo ahora mismo, quizás después de terminarlo se me ocurra alguno, bien sea llamativo o quizás no lo sea.
Pero en este momento no hago absolutamente nada mas que escribir, y esperar que abran el centro comercial donde trabajo, que no abre por que le falta quizás una iluminación divina, o le falta chispa literalmente, sí, mientras escribo este pequeño articulo no hay electricidad.
Pero, estas faltas de corriente eléctrica, me recuerda cuando en mis tiempos anteriores de la pre-adolescencia, entre
Chucherías, comiquitas e interiores de dibujitos, también había fallas de luz, pero en mucha menos frecuencia que hoy, cuando de noche se iba la luz nos adentrábamos en el papel de invidentes, bajo las tinieblas de la ausencia de electricidad, y usando todos los sentidos que nos regaló la naturaleza, llegábamos a punta de oído y tacto, a las preciadas y olvidadas velas, aquellas que alumbrarían nuestro camino de regreso al frente de la casa, donde la pasaríamos, como si se tratara de una cena romántica a la luz de las velas, contando historias, echando chistes, viendo las calles oscuras, y tratando de hacernos una imagen mental de las personas que por allí pasaban a oscuras.
Aquellas historias, llenas de sucesos curiosos, casi místicos eran el centro de nuestras conversaciones. Recuerdo una historia de algo llamado "botija" que era una especie de tesoro que podía aparecer guardado en un bolso, envuelto en una toalla y quizás en una olla, cuenta la leyenda que son tesoros escondidos por sus dueños que usaban de custodia algún conjuro o hechizo, para mantener lejos a los malintencionados o aparecerse cuando hay personas de buena voluntad cerca, como le sucedió a mi abuelo.
Según la historia que el nos contaría en una ocasión, en un pueblo andino, de donde pertenece mi abuelo, estaban arando las tierras, para prepararlas a los cultivos, usaban un buey que llevaba, en su lomo una especie de tronco que iba removiendo la tierra para hacerla mas suave y dejando surcos para lo que se iba a sembrar, como si se tratara de la cruz que tendrá que llevar toda su vida. En esa faena, estaba un amigo de mi abuelo adelante, montando el buey, y en la parte de atrás, estaba mi abuelo, montado en aquel pedazo de madera, para hacerle mas peso y hacer un surco mas profundo.
Luego de varias vueltas mi abuelo, observo que entre el movimiento brusco, que la cruz ficticia donde el estaba montado, apareció algo, casi enterrado en el suelo, era una especie de olla, repleta de algo como monedas, el se bajo a avisar a quien estaba guiando el buey, y se bajó este, de inmediato, imaginándose lo que podría ser, diciendo "no vaya a tocar eso".
Mágicamente, la olla había desaparecido, antes que el otro amigo pudiese verla aprovechando la inocencia de para ese entonces, mi muy joven abuelo.
Mi país, está repleto de historias como esta, y con esta situación, sería espectacular que una botija apareciera en el patio de la casa de este joven, humilde e inocente servidor.
Por cierto, ya llegó la luz, tengo que volver al trabajo, me despido de todos con un fuerte abrazo y que Dios los bendiga.
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